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Informes recientes del IPCC y el TCFD advierten un camino más estrecho para la industria petrolera

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Carlos García

La transición energética va a cobrar un nuevo impulso debido a las acciones políticas e inversiones en el sector privado que se derivan del reciente informe del Panel Para el Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC).

En efecto, las consecuencias climáticas de dejar que el aumento de la temperatura promedio del planeta, con respecto a los niveles preindustriales, sea de 1,5ºC son dramáticas e implican acciones drásticas para preservar la calidad de vida de las poblaciones situadas en regiones costeras e insulares muy vulnerables.
El informe anterior publicado en 2015, que permitió establecer las restricciones voluntarias, en cuanto a las emisiones de gases de invernadero por países ya había encendido las alarmas sobre el imperativo de un mundo descarbonizado.

En tal sentido se elaboraron análisis de sensibilidad en torno a incrementos de 1,5ºC y 2ºC y se construyeron escenarios de proyecciones sobre distintas composiciones de la matriz energética por parte de la Agencia Internacional de Energía y en menor medida por parte de la OPEP.

En tales estimaciones ha imperado un sesgo moderado respecto a un desplazamiento importante del consumo de energía de origen fósil por parte de las energías renovables. En cualquier caso, se acepta que la composición dentro de las proporciones de energía fósil se decante a favor del gas y en detrimento del carbón, y donde el petróleo mantendría su participación con una ligera declinación.

Ajeno a este marco de la OPEP y la AIE, los informes de la IPCC han ido permeando los carteles corporativos de las empresas petroleras, privadas y públicas, así como los sectores financieros que evalúan los riesgos de largo plazo de las inversiones que se cotizan en los mercados de valores en tanto que el valor de las acciones de las empresas del ramo energético reflejen apropiadamente su cotización.

Una lectura equilibrada de los riesgos que supone la interrupción del negocio de las empresas petroleras y gasíferas, en tanto que el escenario business as usual dejé de ser el referente central para la toma de decisiones de inversión, haría mucho más incierta la transición energética y descartaría el desiderátum de una transformación ordenada tal como lo procura el Grupo de Trabajo Sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con el Clima (TCFD, por sus siglas en inglés).

Vale recordar que la misión de la TCFD es ayudar a las empresas a comprender que los mercados financieros requieren conocer cómo las compañías miden y responden a los riesgos del cambio climático, y así alinear sus divulgaciones con las necesidades de los inversores. Mientras más transparencia haya en tal sentido, más ordenada podrá ser la transición hacia un mundo descarbonizado.

El informe del TCFD publicado a finales de septiembre 2018 hace constar que las divulgaciones relacionadas con el clima aún se encuentran en sus primeras etapas y es necesario seguir trabajando para que estas entregas contengan información relacionada con el clima que sean útiles para tomar decisiones. Sin embargo, pocas empresas describen la resistencia de sus estrategias en diferentes escenarios relacionados con el clima, incluido un escenario a 2ºC o inferior, que es un área clave de enfoque para el Grupo de trabajo. Esto debe cobrar más importancia luego de conocido el más reciente informe del IPCC donde quedan claras las dramáticas consecuencias de permitir que avance 1,5ºC la temperatura promedio del planeta.

Según el informe del TCFD sí bien muchas compañías divulgan información financiera relacionada con el clima, pocas revelan el impacto financiero. La resistencia de las empresas petroleras y gasíferas para reconocer la posibilidad de un cambio abrupto en su plan de negocios sigue siendo importante, a pesar de que en las conclusiones del IPCC se achica el margen de maniobra para la adopción de medidas orquestadas entre los sectores interesados, públicos y privados, para una transición ordenada.

Vale destacar, que la fragilidad de tal transición es clara desde el momento que una descarbonización rápida descansa en tecnologías costosas y poco probadas a gran escala como son las diferentes técnicas de captura del dióxido de carbono y su secuestro en nichos, sumideros o pozos abandonados.
Asimismo, se plantea la necesidad de ocupar espacios inmensos para la reforestación lo riñe con su dedicación para fines agrícolas o pecuarios. No se descarta, por ello, que los gobiernos acuerden más anticipadamente marcos mucho más restrictivos para el consumo y producción de energía que eviten los efectos deletéreos de las emisiones de gases de invernadero.

En este contexto el banco de inversión Goldman Sachs alerta en un informe publicado el lunes 08 de octubre que la continuidad del negocio de las empresas petroleras y gasíferas pasa por la adopción de planes más ambiciosos de descarbonización de sus emisiones so pena de ser olvidadas por los inversores.

En tal sentido señala que “los principales productores, incluidos ExxonMobil Corporation, BP Plc y Royal Dutch Shell Plc, pueden reducir las emisiones de carbono y seguir registrando retornos” significativamente mayores “en los proyectos de perforación, en parte porque los límites de los gases de efecto invernadero harán que el petróleo sea más caro”.

Pero esta ventana de oportunidad se irá cerrando y debe ser aprovechada para “re-imaginar su negocio” y cambiar a energía renovable y gas natural. “No deben perder de vista que el movimiento de desinversión de combustibles fósiles se está acelerando, con el número de instituciones que bajaron las inversiones en carbón en cinco veces en los últimos cuatro años”.

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