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Lobby petrolero y los inconveniencias de la Ley non-OPEC en Estados Unidos

Published on

March 7, 2019

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Article by

Petroanalysis Team

Por Carlos F. García

 

El 07 de febrero de 2019 el Comité Judicial de la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó, con apoyo bipartidista, un proyecto de ley que pondría en el banquillo de la justicia estadounidense a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y sometida a juicios antimonopolios. Esta propuesta está basada en la Ley Antitrust Sherman de finales del siglo XIX que sirvió para romper el monopolio petrolero de la Standard Oil Company de Rockefeller.

El próximo paso sería someterla a la votación de la cámara plena, y de ser aprobada en ese recinto, y luego firmada por el presidente Donald Trump, revocaría la inmunidad soberana que ha evitado que los países de la OPEP puedan ser demandados en Estados Unidos bajo acusaciones de prácticas monopólicas, que afectan, en particular, el comportamiento de los precios del petróleo, perjudicando de esta manera al consumidor estadounidense.

Habría que agregar que esta ley afectaría los planes de inversión de los países de la OPEP que contemplan expandirse hacia territorio estadounidense en aéreas vinculadas a la explotación de gas natural como lo ha divulgado Arabia Saudita quien, además, es socia en una refinería en Port Arthur, Texas con una capacidad de refinación de casi un millón de barriles diarios. Asimismo, Catar que participa en la administración de puertos en Estados Unidos, tiene planes de invertir USD 20 millardos tanto en petróleo como en gas natural y LNG. Por su lado, Venezuela con Citgo, subsidiaria de PDVSA, es propietaria de tres refinerías y un extensa red de estaciones de servicio.

Habría, que esperar, que en reciprocidad, las empresas estadounidenses puedan ser perjudicadas en aquellos países sujetos a demandas en Estados Unidos.

En el pasado este tema ha sido materia de controversia en los predios legislativos pero nunca ha sido aprobada, y los presidentes destinados a firmarla no han se han mostrado a favor de su contenido y sus consecuencias. Se teme, sin embargo, que el actual presidente, debido a su documentada aversión a la OPEP no vete la ley y entre en vigencia.

Este punto ha levantado las alarmas dentro de la industria petrolera estadounidense que podría verse perjudicada por los efectos que se supone tendría la ley sobre el comportamiento del precio del petróleo en el largo plazo al no existir un organismo como en el pasado lo hubo entre 1932 y 1972 cuando la Comisión de Ferrocarriles de Texas sirvió de plataforma para que las empresas petroleras pactaran el precio internacional del petróleo, y en tal sentido aplicar las cuotas de producción para mantener estables los precios del petróleo.

Llama la atención que el actual Secretario de Energía, Rick Perry, esté advirtiendo sobre los efectos de este prospecto de ley sobre el futuro de la industria petrolera estadounidense, y en especial sobre la incertidumbre que tendría que enfrentar las empresas que explotan las lutitas, ya que en materia de precio, la expansión de una oferta dirigida por los productores mundiales con costos menores de producción haría descender a niveles muy por debajo de los actuales precios de equilibrio de las lutitas llevándolas a un colapso como el que se observó en 2016 cuando los precios bajaron hasta UDS 26 el barril.

Perry ha dicho literalmente que el proyecto de ley podría reducir la administración del suministro por parte de los productores de petróleo en los mercados globales, lo que posiblemente lleve a un exceso de petróleo y precios más bajos. Eso podría tener el efecto no deseado de eventualmente expulsar a muchos productores del mercado, lo que haría que los precios retrocedieran, dijo. Es decir, que en este terreno, el propio secretario de energía se ha convertido, en la práctica, en el mejor defensor de la OPEP como la organización necesaria para estabilizar el precio del petróleo.

Otros comentaristas estadounidenses han sido más explícitos en recalcar el error en que se incurriría de aprobarse esta ley NOPEC, como ha sido el caso de Dan K. Eberhart, quien desde las páginas de CNN ha opinado que su aplicación es demodé ya que la OPEP, y con ello Arabia Saudita ha dejado de ser el enemigo, si alguna vez lo fue en el pasado durante el embargo petrolero de 1973. Eberhart agrega que en los últimos cinco años, la OPEP se ha convertido en un socio integral en la seguridad energética de los Estados Unidos al regular el suministro de petróleo y mantener un precio del petróleo generalmente justo.

Además, gracias al alcanzar los precios del petróleo niveles suficientemente altos, agenciados, entre otros elementos por la acción de defensa de los mismo por parte de la OPEP, la industria del crudo de lutita ha tenido tal auge en los Estados Unidos que lo ha convertido en principal productor mundial del petróleo, reduciendo su dependencia externa y recuperando la influencia geopolítica mundial que en el pasado tuvo ese país en esa materia.

Sin embargo, a pesar de ese liderazgo como productor mundial y exportador neto de petróleo en 2020 según estimaciones del Departamento de Energía de EEUU, Eberhart reconoce que solo Arabia Saudita tiene un poder considerable sobre los precios del petróleo, ya que es el productor, conjuntamente con sus países aliados del Consejo de Cooperación del Golfo, quien puede efectivamente controlar la oferta mundial e influir sobre los precios.

Es interesante que una de las preocupaciones de Eberhart, quien se atreve a expresar temores que comparte la industria petrolera estadounidense, se centra en el factor clave de los precios de equilibrio que permiten el éxito de la explotación de las lutitas y que abarca una franja entre USD 30 y 70, pero que en promedio se mueve en torno a USD 50 y 55, por lo cual una competencia donde prevalezca el productor con costos más bajos sería fatal para la industria petrolera de Estados Unidos.

Basta recordar la cadena de bancarrotas que acarreó el colapso de los precios en enero de 2016 en toda la cadena productiva de empresas productoras y prestadoras de servicio. Si bien es cierto que las grandes empresas como EXXON y Chevron han entrado con fuerza en las lutitas, la situación financiera no es boyante aun en el sector y la vida de muchas empresas dependen de que los precios se mantengan en niveles altos y persista la cada vez más frágil corriente de apoyo financiero de parte de inversionistas que compran sus acciones y emisiones de deuda.

En palabras finales de Eberhart, todo eso está en riesgo si el Congreso continúa presionando la legislación anti-OPEP. Es hora de que nos demos cuenta de que la OPEP ya no es un fantasma, sino un aliado con intereses comunes.

El último opinador que ha salido a advertir los riesgos de aprobación de la ley NOPEC es Jeffrey Kupfer, un ex secretario adjunto de Energía en la administración de George W. Bush. Las palabras de Kupfer sobre la inconveniencia de esta propuesta de ley son elocuentes, la realidad es que la OPEP a menudo desempeña un papel estabilizador en los mercados petroleros mundiales, por lo cual romper a la OPEP con acciones legales podría dejar el mercado petrolero mundial fracturado, causando periodos de “auge y caída” más grandes e impredecibles. Es decir, agrego de mi parte, menos OPEP, es igual a más inestabilidad mundial en los mercados petroleros, y un piso mucho más frágil de los precios del petróleo lo que atentaría contra las lutitas.

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